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13 de julio de 2008

"EL SIGNIFICADO DE SER CIUDADANO" Por Luis Hernandez


El Significado de Ser Ciudadano
Por Luis Hernandez* Ex Secretario Nacional de Doctrina del PPC.

Siempre se me dijo que yo era un ciudadano de mi país. Me lo repitieron hasta la saciedad en la escuela, y yo me lo aprendí de memoria.

¿Pero realmente comprendí lo que el ser un ciudadano significaba? ¿Tomé una real conciencia del lugar que yo tenía frente a las autoridades? ¿Y las autoridades me dieron ese lugar? Mi respuesta a todas estas interrogantes es que lamentablemente no.

Desafortunadamente, yo había asimilado la idea de que como parte de la población no era sino un miembro más, uno más entre los miles y miles de miembros de la comunidad, que al igual que yo también son llamados ciudadanos, pero tampoco tienen conciencia de serlo, y por eso, permiten –mejor diré que permitimos- que se haga lo que sea con nosotros.

Nunca me enseñaron que como ciudadano tengo derechos inalienables, pero también una gran responsabilidad frente a tales derechos que adquirí desde el momento de mi concepción. Ya de grande, y como para quedar bien conmigo, algunos me han llegado a decir que yo soy el dueño hasta de mi cuerpo. Pero por dar un ejemplo, no me terminaron de decir que frente a lo inviolable de mis derechos, también tengo deberes, y entonces me incitaron a ser un militante de ese espantoso egoísmo que hoy ahoga los diversos tipos de relaciones que contraemos, ya sea en lo económico, en lo cultural, en lo social, y por qué no también en lo afectivo.

Influido por los malos ejemplos de actitudes y conductas que están a vista y paciencia de todo el mundo, yo podría pensar que ser ciudadano significa que primero soy yo, segundo también soy yo, y tercero yo mismo. Ojo, ¡ojito! Que esa es la típica forma en la que piensan los que abrigan proyectos totalitarios, y recurren al pueblo, al mismo estilo en el que el lobo echó mano de la caperucita, con el propósito de someterla a sus garras.

Pero frente a ello, hoy tengo las cosas bien claras, gracias a la perspectiva que me da el haberme imbuido en el enfoque inspirado en el ideal humanista cristiano. Lejos de lo que sostiene el pragmatismo perverso, ser ciudadano no es cualquier cosa. El que yo lo sea –digamos que mi condición de tal- comienza por mi respeto a un deber fundamental: estar a la altura de mi dignidad. ¿Y cómo es eso? Ah, bien simple como lo vamos a ver:

Si yo soy persona humana, y como tal soy el fin supremo de la sociedad y el estado, es porque he sido dotado por la naturaleza con una dignidad muy peculiar.

Entonces, no puedo rebajar, vender, ni traicionar aquella dignidad, renunciando a mis derechos por interés o conveniencia. No me puedo hipotecar, con tal de ganarme alguito, ni puedo imponerle al resto de miembros de la sociedad, también personas, que lo hagan. Eso es indigno de mi condición de ciudadano.

Por mi propia dignidad –yo diría que por el orgullo de ser el ciudadano que soy- estoy frente al deber principal de respetar al resto en sus derechos, así como yo espero, y exijo, que el resto respete los derechos míos. Y no puedo tomarme la atribución de hacer que la comunidad se convierta en mi servidumbre, por dos motivos:

Primero, porque cada uno de los miembros de la comunidad tiene su dignidad propia.
Y segundo, porque en lo que a mí se refiere, por dignidad yo tampoco debo esclavitud a ningún otro ser humano.

Me he propuesto hablar aquí de lo que significa el ser ciudadano, y me gustaría seguirlo haciendo, porque ya es hora de hacer entender a las autoridades de nuestras diferentes instituciones políticas, sociales, culturales, que no pueden hacer lo que quieran con ninguno de los miembros de nuestra sociedad, ni con la sociedad misma. Pero también toco el tema, porque nosotros por nuestro lado tenemos que aprender a darnos el lugar que merecemos. No hace falta que nos apellidemos: a, b, o c; no hace falta que no tengamos ninguna discapacidad; no hace falta que seamos de tal o cual raza; no hace falta que seamos de este o aquel credo, para que cada uno de los miembros de la comunidad sea respetado, y tratado con lealtad –quiero insistir en lo del término lealtad- por parte de quienes reciben el beneficio del voto popular, a la hora de postular al servicio de regular el funcionamiento de los grupos intermedios de los diversos niveles de la organización social.

Hay un viejo refrán que dice: “Respetos guardan respetos”. ¿Creemos nosotros en eso? Si la respuesta es positiva, convirtamos aquel adagio en regla de oro para nuestra convivencia, y hagamos todo lo que esté a nuestro alcance, para que nuestros dirigentes no se olviden que nosotros tenemos aquel dicho muy, pero muy presente.

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  • 2. Jose Antonio Alarcón Cardenas - 1er. Subsecretario
  • 3. José Jara Alvarado - 2do. Subsecretario
  • 4. Pachi Maldonado Berru - 3er. Subsecretario
  • 5. Jenner Canayo Pizango - 4to. Subsecretario

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