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28 de mayo de 2008

"LUIS BEDOYA REYES" - POR FELIPE OSTERLING PARODI


Discurso de Felipe Osterling Parodi - por la incorporación del Doctor y Presidente Fundador del PPC, Luis Bedoya Reyes como miembro del Consejo Directivo de la Academia de Derecho.


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Cuando el Consejo Directivo de la Academia de Derecho acordó, por unanimidad la incorporación del doctor Luis Bedoya Reyes para ocupar el sillón académico que dejo vacante nuestro amigo entrañable el ilustre jurista Manuel de la Puente y Lavalle, el Pleno, sin necesidad de votación secreta alguna, decidió por aclamación elegirlo Académico de Número.

De acuerdo con los estatutos de la Academia, la recepción de un nuevo académico, esto es el acto que hoy se realiza en homenaje al Doctor Bedoya Reyes, debe estar a cargo de un Académico de Número designado por el Presidente. Como me encuentro ejerciendo la presidencia de la Academia, debo confesar, sin rubor alguno, que para la recepción del doctor Bedoya Reyes me designé a mi mismo, desde luego que con la venia de la ilustre personalidad que hoy se incorpora a la Academia.

Pido disculpas porque antes de referirme en esta presentación a la hoja de vida del doctor Luis Bedoya Reyes, me permitiré aludir brevemente, en primera persona, a mi amigo fraterno y relevante abogado y pensador social cristiano, quien desde hace un largo trecho forma parte muy importante de la historia de nuestra patria y cuya incorporación a la Academia Peruana de Derecho honra a está institución.


Conocí a Luis Bedoya Reyes a fines de la década del cuarenta, exactamente en el mes de abril de 1949, cuando yo era un joven estudiante de la Universidad Católica, e ingresaba con 16 años de edad al segundo año de su Facultad de Letras. Luis Bedoya Reyes, como muchos distinguidos maestros, dictaba cátedra simultaneamente en colegios y universidades. Era en aquella época, y desde 1944 profesor del Colegio Militar Leoncio Prado y del Colegio Antonio Raymondi. Pero también era profesor de los cursos de Historia del Perú y de Historia de América en mi alma mater de la Universidad Católica, y esto último determinó que durante aquel año, 1949, tuviera un extraordinario profesor de Historia del Perú. Luis Bedoya Reyes por consiguiente, empezó a ser mi maestro en la cátedra, y luego lo sería en la vida, hace cerca de sesenta años.


Años después, exactamente en el mes de agosto de 1956, cuando regresaba de efectuar estudios de post grado en el extranjero, me incorporé como militante en el Partido Demócrata Cristiano, recién fundado, en el que el doctor Bedoya Reyes era Secretario General. Los abismos existentes entre una personalidad distinguida como Bedoya Reyes y un jovén abogado, militante de base, solo me permitieron tratarlo en forma ocasional, aunque el doctor Bedoya siempre hizo gala de la caballerosidad y gentileza que lo caracterizan.


Milité en el Partido Democrata Cristiano hasta el año 1960 y me reencontré con Luis Bedoya Reyes un aciago mes de octubre de 1968, al día siguiente del golpe de estado del General Juan Velasco Alvarado, cuando ocupando el cargo de Alcalde de Lima ordenó que se pusiera a media asta la bandera de la patria, y luego de una sesión pública del Concejo Provincial de Lima en el que se expresó el repudio unánime por los hechos acaecidos hacía pocas horas, tuve el privilegio de estrecharlo en un efusivo abrazo.


Tenía entonces la certidumbre de que Luis Bedoya Reyes dificilmente recordaría a quien muchos años antes había sido su discipulo en los claustros universitarios y su correligionario en el Partido Democrata Cristiano.


Tiempo después, cuando sus hijos Luis y Javier Bedoya de Vivanco fueron mis alumnos en la Facultad de Derecho de la Universidad Católica y luego yo fui miembro de sus jurados para que optarán el grado académico de Bachilleres en Derecho y el título de abogados, se inició un acercamiento con el doctor Bedoya Reyes, que luego de mi inscripción en el Partido Popular Cristiano se acentuó.


Nuestra amistad, sin embargo, empezó a forjarse a finales de la década del setenta, cuando atendimos conjuntamente a dos clientes estrechamente vinculados. El doctor Bedoya, en aquella época, se encontraba en la campaña electoral para la Presidencia de la República, cuyas elecciones se realizaron en 1980, y ello determino que nos reuniéramos, conjuntamente con los representantes de estos clientes, cuando se encontraba en Lima luego de sus giras proselitistas. Hago hincapié en este hecho porque él demuestra que el doctor Bedoya Reyes, dedicado desde muy jovén a la vida política y habiendo ocupado muy altas posiciones en el Perú, tenía la necesidad de ejerecer la profesión de abogado, y de excelente abogado, como siempre lo había hecho, para atender sus necesidades económicas.


Después de mutuos afanes abogadiles que discurrieron entre los meses finales de 1979 y los iniciales de 1980, el doctor Bedoya Reyes, en junio de este último año, propuso mi nombre al Presidente electo del Perú, arquitecto Fernando Belaunde Terry para que ocupara la cartera de Justicia. Y es desde esa época, esto es desde hace 28 años, que tengo el privilegio de tratar con frecuencia a Luis Bedoya Reyes. Y esta circunstancia, precisamente, es la que me permite calificarlo como mi maestro en la vida pública y política y en un largo trecho de mi propia vida, a través de las lúcidas enseñanzas que invariablemente imparte con inteligencia, entereza y hombría de bien.


Luego de estas expresiones introductorias, que no he podido evitar, debo centrarme, en brevísimas pinceladas, en ciertos hitos de la vida del doctor Bedoya Reyes.

El doctor Bedoya Reyes terminó sus estudios escolares en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe, con medalla de oro, esto es en el primer puesto entre 300 alumnos, e inmediatamente después ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, con el primer puesto en el examen de ingreso conjunto a Ciencias y Letras, como era en aquella época, entre 4,000 postulantes, ocupando el primer lugar durante todos sus estudios universitarios de Derecho, los que determinaron que se recibiera de abogado, y luego de doctor en Letras, en la especialidad de Historia, por la misma Universidad de San Marcos.

Bedoya integró desde muy joven diversas delegaciones universitarias peruanas, en el Perú y en el extranjero, de pensamiento social cristiano, cuya doctrina adoptó en su adolescencia y hoy conserva.

Al margen de su labor docente, que antes reseñe, Luis Bedoya Reyes estuvo estrechamente vinculado, por pensamiento y afectos, con el ilustre ex Presidente Constitucional de la República don Jose Luis Bustamante y Rivero, quien fue el segundo Presidente de la Academia Peruana de Derecho, a cuyo lado trabajó como Secretario de Prensa e Información hasta el funesto golpe de estado de octubre de 1948. Su envergadura de gran abogado y su coraje lo demuestra Bedoya Reyes con la brillante defensa que sustentó en diciembre de 1955 el recurso de habeas corpus en favor del doctor José Luis Bustamante y Rivero, cuando la dictadura le impedía, a todo trance, que regresará al Perú, manteniéndose su arbitrario destierro.

Luis Bedoya Reyes accede al cargo de Primer Ministro de Justicia del Presidente Fernando Belaúnde Terry en julio de 1963 y pocos meses más tarde es electo alcalde de Lima, cargo que por reelección terminó de ejercer en medio de turbulencias revolucionarias el 31 de diciembre de 1969. Bedoya Reyes siempre ha sido considerado uno de los grandes alcaldes que ha tenido la ciudad de Lima.

Miembro de la Asamblea Constituyente que dio origen a la Constitución de 1979, electo con la segunda votación nacional, y candidato a la Presidencia de la República en los años 1980 y 1985, ha sido durante largos años Presidente de su partido, que también es el mío, el Partido Popular Cristiano, ostentando hoy el cargo de Presidente Honorario Fundador.

Aunque esta ceremonia es académica, no puedo silenciar el vigor moral y la lucidez de pensamiento de Luis Bedoya Reyes, cuando ante la cúpula del gobierno militar, un 31 de mayo de 1969, como alcalde democrático ante el gobierno de facto, se realizó la ceremonia de inauguración del monumento a don Ramón Castilla, en la remodelada plaza que lleva su nombre.

Dijo allí Bedoya Reyes que cuando un hombre rinde un homenaje a otro hombre, o a una colectividad se reúne para develar una estatua, es preciso preguntarse qué es lo que en esa personalidad se reconoce y aquilata. Luego de realizar una brillante reseña de la múltiple y polifacética personalidad de Ramón Castilla y su extenso servicio a la nación como soldado y gran mariscal, como político y como estadista ejemplar, Bedoya Reyes sacudió a su auditorio con frases que se convirtieron en cita obligada para la civilidad.


....¿Por qué entonces rendimos este homenaje? ¿Por qué el país se inclina ante una espada victoriosa, o ante el hombre que la empuño? Y la respuesta es que el homenaje que hoy se rinde al soldado es el homenaje que se rinde al gobernante y al estadista. Pero que fundamentalmente se rinde al hombre que supo decir, el mismo día que se lo proclamó Presidente de la República; "El poder en mis manos será el poder de las leyes y de la nación".


Se rinde al hombre que, triunfante en el campo de batalla, llega hasta Lima para que su espada sirva para reponer en el mandato constitucional al Vicepresidente Menéndez, que había sido despojado del mando, al hombre triunfador que se presentó como candidato a un proceso electoral porque supo poner silencio a las balas para que solo se escuchara la voz de los votos en las urnas.

El homenaje es a ese hombre que llegó dos veces al poder con la espada triunfadora, pero que antes de ocupar la presidencia del Perú reclamó el voto de los pueblos. A ese esclarecido patriota estamos rindiéndole aqui el homenaje imperecedero de una posterioridad agradecida... Al hombre que fue capaz de expresar y mantener desde el mando su imparcialidad y respeto permanente a la ley. Al hombre que desde el poder acató y se sujetó a la ley...

Por eso señores, estamos aquí rindiendo nuestro homenaje al hombre que cada vez que le tocó perinclitar en su mando, convocó a los pueblos para que dieran su veredicto en las ánforas; y que en cada oportunidad, primero con Echenique y después con San Román, declinó al poder para entregarlo al elegido por los pueblos...

Se comprende muy bien que este discurso, no solo de homenaje a Ramón Castilla, sino también a la ley, al derecho, a la democracia y el voto del pueblo como matriz obligatoria del poder, mantuviera muy fruncido el ceño de los dictadores de turno.

Quiero concluir este discurso con expresiones de dos ilustres personalidades, la doctora Lourdes Flores Nano y el doctor Luis Jaime Cisneros Vizquerra, sobre el doctor Luis Bedoya Reyes.

Ha dicho Lourdes Flores Nano, refiriéndose al doctor Beodya, que ".... el Partido Popular Cristiano ha sido una expresion social cristiana más institucional del siglo XX. He sostenido, y así lo creo, que la institucionalización supone la despersonalización. Es de justicia, sin embargo, ponerle nombre propio a la obra. Ese nombre es Luis Bedoya Reyes. Nuestro recuento de la presencia humanista cristiana en el siglo XX permite señalar tres grandes hitos: Víctor Andrés Belaune, Jose Luis Bustamante y Rivero y Luis Bedoya Reyes. A este último ha de reconocérsele lo que sus predecesores no se impusieron como reto: la acción de un partido político organizado. Este en cambio fue un desafío que Bedoya abordó y que la historia reconocera"

Y el maestro Luis Jaime Cisneros, a su turno, refiriéndose a Luis Bedoya Reyes, dice: "Nunca una vacilación en la conducta, nunca más pérdida de fe, un debilitamiento de las convicciones democráticas, nunca una declaración de la que hubiera que arrepentirse. Su actitud fue siempre la de un político a la manera griega; coherencia entre las actitudes y el decir, coherencia en la conducta cívica. No ha llegado al gobierno Lucho Bedoya, pero todos hemos tenido siempre la convicción de que si alguien debe dar un consejo oportuno, una sana advertencia, una opinión esclarecedora, la suya era ciertamente la más sensata, la más comprendida, la autenticamente democrática".

No se requiere mayor perspicacia, agrego yo, para comprobar que Luis Bedoya Reyes, cuyo nombre, lo reitero, ya ingreso por la puerta más importante en la historia del Perú, ha forjado su respetabilísimo nombre con todo el esfuerzo, tesón y valor que requiera una vida tan prolífica en hechos honrosos. A Luis Bedoya Reyes, quien solo tuvo una pulcra educación, fruto de una fecunda vida familiar, nadie nunca le regalo nada. Él se forjó solo y, además, ha forjado a miles de discípulos, dentro de los cuales, como antes lo expresé, yo me encuentro.


Con la incorporación de Luis Bedoya Reyes a la Academia Peruana de Derecho volteamos la mirada hacia los fundadores de la Academia, hace algo más de cuarenta años, quienes fueron sus maestros y sus colegas en la profesión de abogado que con tanto brillo ha ejercido durante toda una vida.


Es un grande honor para la Academia Peruana de Derecho incorporar como Académico de Número al doctor Luis Bedoya Reyes, al igual que ha sido un gran honor, para mi otorgarle esta recepción

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EL EQUIPO SNM

  • 1. Oscar Javier Ibáñez Yagui - Secretario Nacional
  • 2. Jose Antonio Alarcón Cardenas - 1er. Subsecretario
  • 3. José Jara Alvarado - 2do. Subsecretario
  • 4. Pachi Maldonado Berru - 3er. Subsecretario
  • 5. Jenner Canayo Pizango - 4to. Subsecretario

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