Simbolo de Modernidad, del Progreso y del Bien Común en el Perú!!!

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29 de mayo de 2008

ENTREVISTA DE CARETAS AL TUCAN BEDOYA REYES - EL PRESIDENTE FUNDADOR DEL PPC - MAYO 2008


Entrevistas :::: La singular lucidez y profundidad del patriarca social cristiano del Perú registrada hace pocos días por un inolvidable periodista, ensayista e historiador.

El Tucán Bedoya (VER)

–En el Perú, el discurso del Partido Popular Cristiano ha empezado a tener vigencia mucho después que fuera formulado. En el 66 ustedes hablaban de un país de propietarios dentro de un esquema de una sociedad donde se privilegiaba el bien común, equidistante del liberalismo. El PPC no logró concretar su posición pero sí influenció en la política nacional.
–Si examinamos los orígenes, los social cristianos éramos minoría al momento en que inicialmente figura el doctor José Luis Bustamante y Rivero. A raíz de su caída en 1948, los amigos de Bustamante, los que tenían peso social y político como Honorio Delgado, José León Barandiarán y Enrique García Sayán, accedieron a formar un partido político con un contenido doctrinal que Bustamante fijó como popular y cristiano. El pensamiento social cristiano en el Perú venía desde muy atrás, pero siempre con trabajo de cenáculo, de círculo de estudio. Solamente aflora como opción partidaria cuando Bustamante invoca a sus propios amigos a la formación de un partido. La aproximación de don José Luis con lo social cristiano de ese momento, principalmente de las expresiones juveniles, fue espontánea. No las convocó él cuando llegó al poder; se conglomeraron en torno a él después de su caída. Le hago esta atingencia por lo siguiente: Cuando se produce la división al interior del Partido Demócrata Cristiano en los años 60, la gente que se alejó del partido fueron los amigos de Bustamante protestando contra los contenidos de un seminario doctrinario del partido en Cajamarca, y donde las posiciones bárbaramente radicalizadas no coincidían con la de ellos.

–Luego se produce la escisión de 1966.
–La segunda etapa ya es más dura con las confrontaciones entre un sector muy radicalizado, que es el que termina quedándose con la revolución militar, y quienes no coincidíamos con ese pensamiento. Precisamente porque ya Roberto Ramírez del Villar, José Barreda Moller, Juan Chávez Urbina, Mario Polar, Ernesto Alayza, o sea el estado mayor, se percataron del pensamiento radical de los demócratas cristianos peruanos, más rojos, inclusive, que los argentinos, uruguayos y brasileros. No era el pensamiento de los chilenos y los venezolanos, en ese momento comandados por hombres como Eduardo Frei Montalva y Rafael Caldera.

–Cuando salen de la DC avizoran una sociedad de cambio sin predominio del Estado, sin hegemonías y buscando una tercera vía.
–Diría más bien que lo que primó fue el pensamiento de Víctor Andrés Belaunde. Él ya traía la idea de la gradualidad en el cambio. No la violencia y la conmoción en el cambio, pues consideraba que nuestros países tenían males estructurales y necesitaban gradualidad en la marcha para cambiar sus esencias.


–El Perú sigue siendo un país fracturado. Ustedes han tenido siempre la visión certera de lo que pasaba pero no pudieron convertirlo en el plan de gobierno.
–Fue nuestra falta de habilidad en el campo de la comunicación. Algunos dicen que era por nuestro tipo de lenguaje. Cuando nos separamos del Partido Demócrata Cristiano (PDC) quien entra a jefaturar el Partido Popular Cristiano (PPC) es el dúo Alayza - Polar. Yo era un mero secretario nacional de política. Claro que quien es ronco, es ronco donde quiera que esté porque es él, y no el cargo, quien hace la función.

–¿Cómo explica entonces las limitaciones de comunicación?
–No ha habido capacidad de comunicación porque ninguna de las dos fracciones logra tener multitudes como organización, como estructura. Los dos sacamos el respaldo de otros para inscribir el partido. Fue muy sonada la primera inscripción del PPC, más de 100,000 adherentes conseguidos en semana y media, máximo dos semanas, en Lima y en las principales ciudades del Perú. Después todas las inscripciones han sido normales con un gran respaldo de firmas. Pero para “bajar” al pueblo y llevar un mensaje ha habido siempre una especie de decoro mental, porque nunca pudimos hacerle la menor concesión a la demagogia y si la envoltura no va bien, no pinta, difícilmente jala. Éramos muy secos y radicales para explicar, nítida y transparentemente, el pensamiento social cristiano tal y como lo veíamos.

–Desde 1934, cuando empieza a interesarse en la política, usted ha sido casi todo: ministro varias veces, alcalde —la gente sigue recordando su “zanjón”. Fue quien permitió que Haya de la Torre fuese presidente de la Asamblea Constituyente. Tenía en el año 80 el mejor perfil electoral para gobernar el Perú. ¿Por qué no ganó las elecciones?
–Es un proceso difícil de explicar. Durante los 12 años del gobierno militar dimos la lucha contra los lemas de la revolución militar. Fueron campañas duras, a través de nuestros comunicados examinábamos cada una de las instituciones que se introdujeron como presunta justificación del golpe: la comunidad industrial, la reforma agraria. Eso determinó una especie de posición conservadora muy bien aprovechada por otros. Primero por don Fernando Belaunde, que no se comprometió en la Asamblea Constituyente. Segundo, si la causa del golpe contra él en su primer gobierno hubiese sido la revolución social, ¿qué explicación tiene que los mismos militares de la junta vean con satisfacción y se incorporen a su gobierno en el segundo periodo? Todos los comandantes generales pasaron a ser ministros de Estado. ¿Qué explicación desde el punto de vista de la causalidad verdadera de la revolución militar puede justificar semejante cambio si los hombres eran prácticamente los mismos? Quienes habíamos estado en contra, no política sino doctrinariamente de la revolución militar porque no contenía una autenticidad sino simplemente un pretexto, sufrimos al identificarnos nuevamente con los sectores conservadores.

–El remoquete de la derecha.
–Y que trajo insultos del propio Alan García durante la candidatura de Lourdes Flores.

–Pero con otras características. En la campaña del 80 había una clarísima articulación de mensajes. En el año 2001 y en el 2006 no hubo esa claridad en la candidatura de Unidad Nacional. ¿Cuál es la diferencia?
–La carga de las alianzas que siempre es fatal. La primera vez no fuimos con alianzas. En la Constituyente no hubo ninguna alianza. Hasta el primer proceso del 80 nosotros hemos ido solos.

–¿Cuál es el elemento que impide que el PPC concrete un proyecto político viable? ¿Cuál es el nexo más próximo con la juventud que tiene el PPC?
–En estos momentos hay muy buenos cuadros juveniles, no exteriorizados, pero excelentes. Yo tengo una gran esperanza, no sé si para el proceso del año 11, pero definitivamente para el proceso del 16. En el futuro se va a presentar el PPC con gente que viene de una formación consistente, realizada ahora con mucha esfuerzo. Tal como fueron los primeros cuadros que se formaron.

–Tendrán buena formación, pero ¿qué van a representar? En Chile la Concertación tuvo su base en el proyecto de recuperación de la democracia. En Alemania la señora Merkel gobierna con una coalición de los partidos cristianos. En México, Felipe Calderón tiene un gobierno donde su figura hace hegemónicas distintas agrupaciones. Si tuviese que decirle a la gente “voten por el PPC”, ¿por qué sería?
–El desarrollo dentro de la misma línea de política económica, un sistema de seguridad basado fundamentalmente en la mejor estructuración de la policía, un sistema de acercamiento a las gentes que están marginadas y excluidas principalmente a través de un proceso de seguridad social, pero fundamentalmente de educación. Fuera de esos horizontes no interesan los demás.

–¿Cree que en el 2011 habrá un esfuerzo muy grande en el partido?
–Está en muy buenas manos, que no son las mías. Yo soy una persona consultada o conversada, a veces respetada y aplaudida. Pero normalmente no piso el local del partido sino en muy contadas oportunidades. Cuando los dirigentes o la dirigencia quieren una opinión mía la reciben inmediatamente y sin ninguna medida. Casi todos los que me escuchan son bastante mayores de edad, comenzando por mis hijos.

–Usted siempre se enfrentó a retos perfectamente definibles. Ahora la política ha cambiado de símbolos, de signos. A veces ya no hay una fuerza política, sino una demanda, un reclamo, una disidencia que puede tener justificaciones pero que no constituye un esquema político razonable. ¿Cómo se enfrenta eso?
–En realidad, siendo exacto lo que usted afirma, hay que analizar un poco más las formas. El Perú ha sido un país de caudillos y no de principios. Fuera de la actitud del partido civil con Manuel Pardo, en el año 1872, fíjese usted cuál es la historia a lo largo del tiempo del pensamiento marxista leninista fundamentalmente encarnado en Mariátegui. Es un padre que da como 20 hijos. ¿A qué conclusión lo lleva? Que el caudillismo, el personalismo, el individualismo, esa tremenda herencia hispana, se traduce en que cada uno quiere su pequeño feudo. Aquí ha habido leguiísmo detrás de Leguía. Fundó su partido y de él no quedó nada detrás de su muerte. Aquí ha habido sanchezcerrismo detrás de Sánchez Cerro. Fundó su partido. Muerto él muy poco tiempo duró. Aquí hubo un conato de benavidismo y de pradismo. No quiero seguir frente a partidos que han tenido también caudillos y donde el seguimiento no ha sido capaz de sobrevivir a la presencia de su iniciador. Aquí la gente no es que busque chamba, está midiendo detrás de cada campaña bajo qué sombrilla se matricula. Cuando usted le habla al peruano normal, corriente, de clase media y con cierto grado de ilustración, ¿su tendencia cuál es? ¿A seguir ideas, principios? No, es a seguir personas.

–Y la gente que espera que la política siga ideas y no personas, ¿cómo se enfrenta a los que vendrían a ser el antisistema?
–¿Usted cree que realmente existe el partido del señor comandante Humala? No, existe un seguimiento al señor Humala. ¿El señor Humala tiene fuerza real sobre su grupo parlamentario? No sé hasta dónde, porque veo que se ha fragmentado en dos sectores. Quiere decir que hay un seguimiento a las personas con ocasión de los procesos.

–En 1990, con Fujimori, no existía un partido, nunca lo tuvo. Después creó cinco o seis. En el 2001, Alejandro Toledo tuvo el 26% de votación en la primera vuelta. En el 2006 Humala tuvo el 30%. Siempre hay un porcentaje de la disidencia que se encarama en los hombros de alguien y dice “acá están los votos”. ¿Es una maldición del Perú?
–No, esa es una expresión más de los varios Perú que hay dentro del Perú, incluyendo el análisis de su población. La gente que tiene la paciencia, el silencio calculado del indígena, no es igual al criollo locuaz, bailarín, inconsistente pero a su modo feliz. Mientras en el caso de nuestra población indígena ostenta un afincamiento constante a ciertos principios, modos, usos y costumbres, usted encuentra en nuestra clase criolla una inestabilidad permanente y una versatilidad extraña, ingeniosa, agradable pero inconsistente. ¿Por qué? Si usted va al campo de la religión ¿entre los confesantes y los practicantes no hay una gran distancia? Si usted va al campo de la creatividad en poesía, escritura, ¿no encuentra que son muy pocos los que tienen acceso a través de una disciplina continuada y son muchos los que de repente escriben, pintan con gran irregularidad pero algo hay allí que resulta genial?

–Cuando se habla de Haya de la Torre se dice que tuvo una vida sin tregua. ¿Cuál diría usted que es su vida política, su testimonio principal?
–Yo ingresé a la vida política detrás de un pensamiento formado en la acción católica y detrás de esa matriz me he mantenido toda mi vida. No es que no conozca lo que es el marxismo leninismo o el neoliberalismo, ni en su momento el fascismo. Simplemente estoy formado dentro de esa matrícula que corresponde a mi pensamiento concepcional que no oculto y en consecuencia ha transcurrido tranquilamente dentro de la historia. He sembrado todo lo que he podido. Difícilmente encuentro a alguien que me haya influenciado más que mi padre que no sea Amelio Plascencia. Era un caso muy original. Había salido fugado de México porque era asesor espiritual de cristeros, de todos los que estaban perseguidos por la revolución mexicana. Llegó a Miraflores como párroco. Cuando yo tenía 10 años, hizo una tarea extraordinaria porque levantó la iglesia e hizo lo mismo en Surquillo donde nos llevó para ser maestro de obreros adultos siendo nosotros estudiantes de cuarto o quinto de media. Fue mi padrino de confirmación y seguramente pensó que yo debía estar vestido con sotana. Pero tuvo para mí una cosa que nunca olvido. Yo había sido medalla de oro en Guadalupe, pero el mismo año que terminé en Guadalupe en el año 35 se reabría San Marcos después de 5 ó 6 años de clausura. Había gran expectativa nacional por saber cómo sería. Las universidades estaban limitadas. Además de San Marcos sólo había la Católica para estudiar derecho. En el ingreso estuvimos 12,000 alumnos. Todos teníamos que dar examen, para ciencias o letras, de la integridad de los cursos de secundaria, por escrito u oral. Una prueba tremendamente severa. Igual que en Guadalupe sólo había un premio, una beca para estudiar en San Marcos. Entré a San Marcos con el número uno. Me ofrecieron beca en la Católica, y ante la presión de unos familiares que querían que fuera a la Católica, le consulto a Amelio Plascencia: “Los principios están hechos para que uno los predique y los defienda. Tu sitio está en San Marcos porque ahí está la batalla. ¿Con quién vas a pelear en la Católica, con quién vas a discutir?”. Eso me dijo. Fue una lección de vida, inolvidable.

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  • 1. Oscar Javier Ibáñez Yagui - Secretario Nacional
  • 2. Jose Antonio Alarcón Cardenas - 1er. Subsecretario
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  • 4. Pachi Maldonado Berru - 3er. Subsecretario
  • 5. Jenner Canayo Pizango - 4to. Subsecretario

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